Síndrome de abstinencia alcohólica


ETAPA 1: De 6 a 8 horas después de beber cuando cae el nivel de etanol en sangre La persona todavia se orienta en tiempo y espacio, pero aparecen sensaciones de ansiedad, inquietud, insomnio, mareos, temblores variables, puede haber náuseas.


ETAPA 2: De 6 a 24 horas después de la última bebida Taquicardia, diaforesis. Estado subfebril. Temblores constantes. Taquiapnea. Aumenta la presión arterial.


ETAPA 3: De 7 a 48 horas después de beber la última bebida Convulsiones. Del 30 % al 40 % de estos pacientes evoluciona hacia un delirium tremens completo.


ETAPA 4: Tercer día y posteriores (hasta 12 días). Temblores, sudoración, alucinaciones, confusión mental, desorientación. Mortalidad del 5 al 25 %, generalmente relacionada con afecciones concomitantes.

El síndrome de abstinencia alcohólica (SAA), es un ejemplo de abstinencia de depresores del Sistema Nervioso Central (SNC) y por lo tanto, es similar a lo que ocurre al suspender cualquiera de las drogas de este grupo (Benzodiazepinas, Barbitúricos).
Algunos síntomas de abstinencia, usualmente leves, pueden esperarse en la mayoría de los alcohólicos que suspenden o disminuyen el consumo de alcohol después de ingestas prolongadas. La severidad de las manifestaciones varía de un paciente a otro dependiendo, entre otros factores, de la magnitud, duración y velocidad de la ingestión alcohólica, así como de las condiciones generales del paciente.
La etiología del SAA no es totalmente conocida, pero al parecer es producido por efecto directo del alcohol. Hay hipótesis que involucran al sistema hormonal, alteraciones hidroelectrolíticas, estados de deficiencia nutricional, los que podrían estar relacionados con la severidad de los síntomas.
Los síntomas y signos pueden ser variados: de tipo conductual, neurológico, cognitivo; alteraciones del sistema gastrointestinal; alteraciones del sueño y del sistema nervioso autónomo (taquicardía, diaforesis, hipertensión, fiebre, etc.). Dependiendo del tipo de sintomatología y de su intensidad, y del momento de aparición y duración, el SAA se puede clasificar en leve, moderado o severo.
Un medico especialista con experiencia, en general, sabe evaluar la severidad del mismo. La importancia del diagnóstico del síndrome de privación está dado por el manejo que se hará en cada caso. Además hay que tener en cuenta que en estos enfermos se complican con otras patologías médicas. Es importante hacer una buena evaluación física, ya que los alcohólicos tienen un alto riesgo de problemas médicos, por ej: cardíacos, hemorragia gastrointestinal, infecciones, falla hepática, alteraciones neurológicas, metabólicas hidroelectrolíticas, deficiencias vitamínicas y de minerales, traumatismos, etc.. Estos deben ser buscados y tratados.

 

La Abstinencia Alcohol, el Síndrome de Abstinencia en el Alcoholismo.

El alcohol es un depresor del sistema nervioso central. Actúa en la mayoría si no en todas las estructuras cerebrales, como la formación reticular, la médula espinal, la corteza cerebral y del cerebelo, y muchos sistemas neurotransmisores. En el sistema nervioso central, el alcohol interfiere en el proceso por el que determinadas células nerviosas reciben órdenes para activarse, a la vez que acelera los procesos por los que las células nerviosas reciben mensajes para frenar su actividad. Así, el alcohol actúa como un inhibidor bioquímico de la actividad del sistema nervioso central, y por eso entre sus efectos están la sedación y la reducción de la ansiedad.

En la sociedad contemporánea, el consumo recreativo de alcohol se ha extendido por todos los ámbitos sociales, y es aceptado en muchas culturas como una costumbre integradora y festiva. Pero con el incremento de este consumo ha surgido también un complejo problema de salud: la dependencia y adicción al alcohol, una enfermedad con consecuencias graves para la salud del adicto, así como para su entorno familiar y social. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 40 y el 60 por ciento de las muertes por lesiones producidas en Europa están relacionadas con el consumo de alcohol.

La adicción al alcohol, aunque todavía se considere erróneamente que es un asunto de falta de voluntad o de carácter, es una verdadera enfermedad que escapa del control del enfermo y que por tanto requiere tratamiento. Un tratamiento que normalmente se enfrenta al principal obstáculo para la recuperación del paciente: el sindrome de abstinencia, que afecta a los consumidores regulares de alcohol que o bien disminuyen su dosis de consumo, o dejan de beber por completo.

Los síntomas aparecen porque una vez en el cerebro, el alcohol afecta a unas sustancias químicas llamadas neurotransmisores, que controlan el flujo de información entre las neuronas y las células cerebrales, formando una sinapsis, y que alteran el comportamiento, el pensamiento y los sentimientos de las personas.

Con el consumo crónico de alcohol, estos neurotransmisores se ven afectados y el cerebro experimenta un cambio en su estructura y funciones, de manera que sólo puede funcionar “normalmente” con la presencia de alcohol. La persona cuyo cerebro se ha habituado al alcohol necesita aumentar cada vez más su consumo para obtener los efectos de las primeras veces que bebió, con la consecuencia de que al dejar de beber abruptamente, afloran los desórdenes cerebrales causados durante el consumo y que estaban ocultos por esa aparente “normalidad”. Esos desórdenes, que causan los síntomas de abstinencia, sólo disminuyen o desaparecen cuando se vuelve a ingerir alcohol. Por esta razón, es difícil para un adicto dejar de beber, cuando sabe que con el alcohol encontrará remedio para su síndrome de abstinencia.

Síntomas de la abstinencia, el síndrome de abstinencia en el alcoholismo

Los síntomas de la abstinencia alcohol o alcoholismo son los opuestos a los efectos farmacológicos del consumo de alcohol. Si como se ha dicho más arriba el alcohol inhibe la actividad del sistema nervioso central y por tanto produce sedación, durante el síndrome de abstinencia el sistema nervioso central experimenta el efecto contrario: se aumentan los procesos activadores a la vez que se disminuyen los procesos depresores. Estos cambios producen una sobreactivación del sistema nervioso central.

Sobreactivación que ha sido observada en investigaciones clínicas que muestran que aun en pacientes con síntomas de abstinencia moderados se experimenta hiperactividad del sistema nervioso simpático y un incremento, que puede ser tóxico para las células nerviosas, de la producción de hormonas como el cortisol y la norepinefrina. Incluso en personas que sólo ocasionalmente abusan del alcohol, la resaca de la “mañana después” es realmente una forma suave de los síntomas de abstinencia mientras el contenido de alcohol en la sangre va disminuyendo.

En algunos pacientes que tienen una menor dependencia química, los síntomas de abstinencia sin embargo pueden ser tan “suaves” como experimentar temblores, sudores, nauseas, dolores de cabeza, ansiedad o incremento del ritmo cardiaco y de la presión sanguínea. Aunque estos síntomas son incómodos, no necesariamente son peligrosos. Pero frecuentemente vienen acompañados de un fuerte deseo o ansia por consumir más alcohol, por lo que la decisión de continuar en la abstinencia se hace mucho más difícil.

Por otro lado, y muy frecuentemente cuando existe adicción al alcohol, se pueden experimentar alucinaciones entre las seis y las cuarenta y ocho horas después de dejar de beber. Normalmente son alucinaciones visuales, pero pueden comprender sonidos y olores, y durar desde unas horas hasta semanas.

También en este periodo tras el abandono del consumo de alcohol, se pueden dar convulsiones o ataques, los factores que hacen que la abstinencia de alcohol se convierta en peligrosa si no es medicamente tratada, y que de hecho se tipifique como la abstinencia por drogodependencia de mayor riesgo. Porque además estos síntomas pueden derivar en delirium tremens después de entre tres y cinco días sin consumo de alcohol. El delirium tremens por abstinencia alcohólica comienza habitualmente entre las 48 y las 72 horas posteriores a la última ingesta de alcohol y es precedido de los síntomas tempranos de la abstinencia, aunque estos pueden quedar enmascarados o retardados por otras enfermedades o medicaciones. Los signos de hiperactividad simpática (como taquicardia, hipertensión, fiebre y sudoración excesiva) son frecuentemente profundos y son las principales marcas del delirium tremens, junto con otros como confusión profunda, desorientación y graves alteraciones cardiovasculares. Una vez que el delirium tremens comienza, pueden producirse convulsiones muy graves, ataques al corazón y apoplejías que pueden ser mortales. El promedio de muertes es de entre un 1% y un 5%, y se incrementa con un diagnóstico tardío, tratamiento inadecuado y condiciones médicas concurrentes.

Por estas razones, un tratamiento de desintoxicación de alcohol sin un manejo médico y un apropiado nivel de cuidados constituye un alto riesgo para la salud e incluso para la vida de las personas dependientes del alcohol. Por otro lado, síndromes de abstinencia repetidos y sin un tratamiento adecuado podrían producir futuros síntomas de abstinencia de mayor gravedad. Muchos investigadores creen que los alcohólicos que no pueden mantenerse en la abstinencia y sufren recaídas, deben recibir terapia farmacológica para controlar los síntomas de abstinencia y reducir así el riesgo de posibles ataques y daños cerebrales.

 

La desintoxicación del Alcoholismo sin síndrome de abstinencia

¿Sera posible?

En definitiva, el síndrome de abstinencia es un obstáculo fundamental para la recuperación de la adicción al alcohol. Pero la desintoxicación sin síndrome de abstinencia es posible. El síndrome de abstinencia del alcohol no es un comienzo ineludible de todo tratamiento para superar la dependencia del alcohol, sino que por el contrario puede ser evitado con una específica intervención y tratamiento.

Para evitar el síndrome de abstinencia, es necesario recuperar las funciones cerebrales que han resultado dañadas por la adicción al alcohol. Pero esto no es posible con una desintoxicación “tradicional”. Las neuronas deben ser recuperadas con una intervención farmacológica que permita que el paciente no sufra ni síntomas de abstinencia ni ansia de consumo, y que más allá de este procedimiento permita también una recuperación de procesos cognitivos y afectivos que habían sido dañados, como la retención, la capacidad para leer, la conciencia o la serenidad.

 

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